Origen de la Peregrinación a Santiago

En todas las religiones y en cualquier época, se ha animado a sus creyentes para que se pusieran en camino hacia algún lugar santo. Entre los cristianos de la antigüedad, tres grandes centros de peregrinación destacaran por encima de todos, son Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela. Una parte significativa de la población medieval viajó, en algún momento de su vida, a alguna de las tres ciudades santas de la cristiandad para rendir a los cuerpos-reliquias más señalados del Nuevo Testamento: Jesús en Jerusalén, San Pedro en Roma y Santiago el Mayor en Compostela.

«Solo son peregrinos quienes van a Santiago o de allí vuelven»

Quienes viajaron al primero de estos destinos buscando donde se desarrolló la vida de Jesús, eran denominados palmeros. A Roma iban los romeros, que veneraban la tumba de los apóstoles Pedro y Pablo. Y será el italiano Dante Alighieri en el siglo XIII, quien afirma que “sólo son peregrinos quienes van a Santiago o de allí vuelven”.

Santiago el Mayor, Apóstol de Cristo, hermano de San Juan el Evangelista, sobrino de María la madre de Jesús y conocido también como el Hijo del Trueno; que según la tradición predicó a España durante siete años, apareciéndosele la Virgen del Pilar en su viaje de regreso a Palestina. Fue el primer apóstol mártir, decapitado en Jerusalén por Herodes Agripa en el año 44 d.c. La leyenda cuenta que sus discípulos embarcaron el cuerpo en el puerto de Jafra y navegaron guiados por un ángel hasta el fin de la tierra, el finis-térreae, desde allí remontaron por el río hasta llegar a Iria Flavia, enterrándole finalmente al pie del monte Libredón. Las guerras y la despoblación harían que este lugar de culto cristiano quedara olvidado.

A principio del siglo IX, hacia el año 830, tiene lugar el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago por un ermitaño de nombre Pelayo, que habitaba en el lugar de Solovio (donde hoy se encuentra la iglesia de San Fiz de Solovio). Guiado por una luces extrañas encontró el lugar donde se encontraban los restos del Santo (Compostela – Campus Stellae – Campo de Estrellas).

Avisado el obispo de Iria, Teodomiro, acude al lugar e informa a Alfonso II el Casto, que acudió con gran boato y comitiva partiendo de Asturias. Pero la comunicación “oficial” del hallazgo de los restos del Apóstol tuvo lugar más tarde, a través de una Encíclica del papa León III, donde testimonio fehaciente de la existencia del sepulcro del Apóstol Santiago y manda trasladar la sede obispal de Iria Flavia a Compostela. Más tarde otro Papa, Calixto II, la elevaría a categoría de Arzobispado.

Origen de la Ruta del Camino de Santiago

La ruta empezó a fortalecerse en torno al año 1000, pero no sería hasta los siglos XI y XII cuando el camino se consolidaría en una senda muy transitada desde todas las partes de Europa. Fue en esta época cuando empezó a asentarse lo que hoy conocemos como Camino Francés. Un trazado que se recoge en la que podría considerarse como la primera guía de la ruta jacobea, el “Codex Calixtinus”. Para aumentar aún más la afluencia de peregrinos, en 1126 se instaura el Año Santo Compostelano, aunque la catedral no sería consagrada hasta casi un siglo más tarde.

La ruta a Santiago dará un nuevo impulso al sentimiento religioso de la Edad Media y llegó a convertirse en un fuerte elemento de unión entre los reinos cristianos. El Camino adquiere también una gran importancia económica. Artesanos y mercaderes se asientan en su trazado y favorecen el desarrollo de las zonas por las que atraviesa la ruta. Aprovechando que la Reconquista desplaza la frontera con el mundo del Islam cada vez más al sur, los Reyes Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León fundan ciudades (Estella, Puente la Reina, etc.), para repoblar sus nuevos territorios y abren un nuevo camino que discurre por Pamplona, Logroño y León. Este terminará conociéndose como Camino Francés y es el que en la actualidad utilizan los modernos peregrinos.

A partir del siglo XIII las frecuentes guerras, la peste negra que diezma muy notablemente la población europea, el surgimiento del protestantismo que comienza a dividir la cristiandad o la conquista de nuevos mundos para la que los monarcas dedican grandes recursos, harán que la peregrinación experimente un gran declive. En los siglos XVII y XVIII con la llegada de algunos peregrinos ilustres parece resurgir el esplendor de las peregrinaciones de antaño.

A finales del siglo XIX con el redescubrimiento de los restos del apóstol (escondidos ante las amenazas de las incursiones inglesas comandadas por el pirata Franke Drake que atacó A Coruña) y la declaración de autenticidad de los restos hallados promulgados por el Papa León XIII en el año 1884, la peregrinación parece experimentar una tímida recuperación, pero que se apaga nuevamente en los comienzos del siglo XX.

Motivaciones para hacer el Camino de Santiago

Sin duda es en el último cuarto del siglo XX cuando verdaderamente se produce el resurgir de las peregrinaciones de antaño. En la actualidad existen personas que peregrinan a Santiago en busca de una experiencia religiosa, aunque las motivaciones para “hacer el Camino” ya han trascendido ese ámbito espiritual por otras motivaciones mas laicas; así son muchos los que emprenden el Camino por motivos culturales, turísticos, deportivos, etc., etc.

No cabe duda de que parte del éxito de los últimos años se debe a razones de promoción turística de la que ha sido objeto intensamente y también es incuestionable que la ruta jacobea se ha ganado su prestigio actual gracias a su valor eminentemente espiritual, contrapunto de una sociedad hedonista.

Igual que en el pasado, hoy en día el Camino de Santiago sigue siendo una vía de intercambio y de acercamiento, de humanidad y solidaridad.

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