El Botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela

……. Con el ritmo arcaico de los octavines y el ondear solemne del Botafumeiro se abren las puertas del asombro…………

Pio XII

Estas palabras, que resumen poéticamente el sentido de los diversos rituales y de las emociones de la Catedral, formaban parte del mensaje enviado por Su Santidad Pío XII con ocasión del año jubilar de 1948.

Símbolo más conocido de la Catedral de Santiago de Compostela

El Pontífice señala como parte integrante de la ceremonia de apertura de la Puerta Santa al enorme incensario que en las celebraciones solemnes ondea de un lado a otro del transepto de la basílica compostelana, y que desde hace siglos es uno de los símbolos más conocidos y peculiares de la Catedral de Santiago.

En la capilla de la Corticela de la Catedral santiaguesa, a la izquierda y delante de la imagen del Cristo de los Huertos, normalmente, se encuentra un pequeño cesto de mimbre que muchos peregrinos utilizan para cumplir uno de los numerosos rituales que se practican en la Casa del Señor Santiago: el de pedir tres gracias la primera vez que se entra en la Basílica, las peticiones se realizan en unos trozos de papel, que luego se depositan en el cestito, que los empleados de la Catedral vacían de vez en cuando, los papeles que se recogen se utilizan para encender los carbones del Botafumeiro, en el lugar adecuado dentro del claustro.

El Botafumeiro es un incensario enorme, uno de los emblemas propios de la Catedral Compostelana, mide alrededor de un metro y medio y oscila como si fuera un péndulo entre las bóvedas del transepto y que se pone en funcionamiento en la Catedral de Santiago al final de las misas solemnes o siempre que algún grupo de devotos lo solicite y pague, en estos momentos el coste de ponerlo en funcionamiento es de 300 euros.

Origen del Botafumeiro de la Catedral de Santiago

Sus orígenes son al mismo tiempo litúrgicos e higiénicos, los peregrinos antes de entrar en la ciudad se preocupaban, normalmente en Lavacolla, de quitarse de encima la suciedad acumulada durante semanas e incluso meses, de peregrinación, evidentemente el resultado no era satisfactorio, por lo que los canónigos tuvieron que recurrir a este singular ambientador. Además la Catedral de Santiago, como todas las de peregrinación, permitía a los peregrinos dormir en el interior (las puertas de la Catedral empezaron a cerrarse por la noche desde abril de 1529), lo que provocaba un olor muy desagradable, situación que determinó la necesidad de contar con un incensario tan grande. Hoy en día, lógicamente, el Botafumeiro ya no tiene esta función tan importante en esos tiempos y se pone en marcha en las grandes ocasiones y, en los años de Jubileo, todos los domingos.

Buscando en el Códice Calixtino no figura ninguna descripción de este y, sus primeros usos, están datados entre los siglos XIII y XIV. Cuatro diferentes incensarios han volado entre las voltas del transepto, el primero funcionó hasta principios de siglo XVI, que fue sustituido por otro de plata, realizado con una ofrenda que ofreció el Rey Luis XI de Francia a la Catedral, controversias paradójicas de la historia nos dicen que mientras unos franceses regalan, otros desvalijan, entre las innumerables fechorías de las tropas napoleónicas, durante la guerra de la independencia de 1809, se incluye el robo del gran incensario, que fue sustituido por uno de hierro, utilizado hasta 1851, cuando le sucedió el que se utiliza actualmente, de latón plateado y cincelado por el burilador José Losada, el mismo artista que realizó el arca de plata de la cripta. Alrededor de 1970, una hermandad de Alféreces Provisionales, regalo a la Catedral compostelana un Botafumeiro de plata, con un peso de unos 50 kilos aprox., este se conserva en el museo de la Catedral.

Ver el gran incensario voltear con una velocidad de vértigo por encima de las cabezas de los participantes en la misa es realmente estremecedor, y a veces los tirones de las cuerdas que lo sujetan hacen pensar que está a punto de desprenderse; pero en tantos siglos de funcionamiento solo se dieron un numero, bastante nimio de accidentes y todos ellos sin víctimas.

El Botafumeiro de Santiago se rompió

Entre las diversas y numerosas anécdotas relacionadas con el Botafumeiro, la más famosa es el suceso que le aconteció en 1499 a Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, paró en Santiago antes de embarcar en A Coruña rumbo a Inglaterra, donde iba a casarse con el príncipe de Gales, en el transcurso de una misa a la que asistía la infanta, se rompieron las cuerdas y, por suerte, los asistentes solo se llevaron un gran susto, pero el Botafumeiro quedó gravemente dañado, tanto que hubo que cambiarlo unos años mas tarde.

La segunda vez que se desprendió, siempre sin ocasionar daños, fue durante las fiestas del Corpus en 1622, cayendo a los pies de los tiraboleiros. Los últimos incidentes ocurrieron en 1922, cuando las cuerdas y los otros dispositivos para asegurar el Botafumeiro fallaron, derramando las brasas por el suelo, y en 1937: las leyendas urbanas cuentan que, en esta ocasión voló fuera de la Puerta de Platerías y llegó a golpear a una vendedora de castañas en la Rua do Vilar.

La fantasía popular, frente a un objeto tan insólito, se desencadena; del gran turibulo se dice que, con sus humos cura a los asmáticos, recoloca los ojos de los tuerto que siguen sus balanceos y sana a los tartamudos. No se conocen contraindicaciones.

En la cúpula, el Ojo de Dios, pintado al fresco en el interior del clásico triangulo, parece controlar el complejo sistema de funcionamiento del Botafumeiro que está suspendido debajo. El complicado artilugio mecánico de garruchas y de cuerdas que mueve el rey de los incensarios, como lo definió Víctor Hugo, es obra de Juan Bautista Celma, que lo inventó en 1602.

El canónigo e historiador Antonio López Ferreiro, en su monumental Historia de la S.A.M.I. (tomo VIII, Apéndices), recoge las Actas Capitulares de mayo de 1602 acerca de las obras que habían de hacerse en el cimborrio y del aparato para incensario o bota-fumeiro. Se acuerda: ”… que se quitasen las bigas del incensario y hiciese algún ingenio como estuviese mas galán y vistoso”, que se tomase: …”trato y concertó con Baptista Celma …” y ”… que se quitasen las través o vigones grandes que atraviesan el cimborrio en que esta puesta la polea para el incensario porque quitan mucha luz al coro y afean el cimborrio, y para que no se quitase esa antigualla del incensario, ordenaron que en lugar de las través se hiciese un ingenioso artificio de cuatro yerros que saliesen de las cuatro esquinas de sobre los capiteles de los cuatro postes principales del crucero, se rematasen todos en obalo…”

El entonces canónigo Fabriquero, cardenal Ruyz de Durana, mandó fabricar las vigas (que pesaban unos treinta quintales) en las Herrerías de Vizcaya, ordenando que se trajeran a Galicia por mar, en cuanto salía más barato.

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